Esa Pobre Plantita

By arytdf

Después de haber visto el documental “Magic Weed – History Of Marijuana” quede impresionado con todas las cosas que podían llegar a hacerse con el hemp, y de cómo esta planta a sido usada desde tiempos remotos, siendo un gran aliado en la proyección del hombre. Aceites, sogas, telas, ropas, papel, medicinas y hasta productos de limpiezas y belleza son solo algunas de las cosas que se han construido con esta gran materia prima eso sin nombrar a su menos dañino (en comparación a otras sustancias legales) consumo como droga.
Así es que me decidí a buscar información, de por qué tanto miedo y mito rodea dicho vegetal y es lo que comparto con ustedes.

 

 

 

Breve historia de la prohibición del cannabis

 

 

 

Que la marihuana y los otros derivados del cánnabis quedasen incluidos hace 60 años en la actual prohibición globalizadora de las drogas es, sin duda, uno de los mayores despropósitos científicos y sociales de la historia de las sustancias psicoactivas. ¿Como se ha convertido el cannabis, conocido, respetado y utilizado por la Humanidad desde tiempo inmemorial, y que bien entrado este siglo aun podía comprarse y usarse legalmente, en una droga satanizada por políticos y medios de comunicación así como temida por padres y educadores? Conocer el origen de nuestro estado de cosas puede, sin duda, ayudarnos a entenderlo. Para prohibir el cáñamo en EE.UU. tuvo que construirse durante los años treinta, de manera consciente, un complejo entramado de mentiras sin fundamento alguno que ha venido manteniéndose hasta nuestros días y que culminaría entonces con la Marijuana Tax Act, de 1937, decreto con el que la marihuana quedaría de facto ilegalizada allí. La única restricción existente hasta el momento consistía simplemente en una disposición que obligaba a que las sustancias alimenticias o farmacéuticas que contuvieran cannabis (así como otros componentes), lo indicaran convenientemente en la etiqueta, así como ciertas limitaciones de carácter local en algunas zonas del sur. Los informes científicos de la época, mostraban la práctica inexistencia de problemas sanitarios o sociales relacionados con el uso del cannabis. El informe de la Indian Hemp Drugs Commission, a finales del siglo pasado; el estudio del consumo de cannabis en la Zona del Canal de Panamá, realizado por el ejercito americano entre 1916 y 1929; el ‘LaGuardia Committee Report on Marijuana’, de 1944, realizado justo inmediatamente después de la prohibición, completísimo informe referente al consumo de cannabis en la ciudad de Nueva York. Todos ellos acaban constatando lo que todos sabemos: que el consumo habitual no provoca apreciables problemas sanitarios, sociales o de escalada a drogas más fuertes, así como que no puede considerarse al cannabis como sustancia formadora de adicción. Pero, con todo, desde entonces y hasta ahora, la gente va a la cárcel por cultivar, usar o comerciar, con tan agradecido vegetal, en tanto que drogas tan peligrosas como el alcohol pueden adquirirse y usarse sin problemas. ¿Como ocurrió todo?

 

Los primeros cuarenta años del siglo XX sirvieron para ilegalizar y, por tanto, llevar a la oscuridad del mercado negro, sustancias que hasta ese momento se compraban o consumían sin excesivos problemas. En la historia de la prohibición de las drogas, hay factores que se repiten indefectiblemente. Uno de ellos consiste en asociar el uso de la sustancia en cuestión al comportamiento de determinadas minorías raciales, temidas u odiadas por el resto de la población. Así, la campaña para ilegalizar el opio tuvo como excusa el uso que de él hacían los trabajadores inmigrantes chinos, y la prohibición de la cocaína se apoyó en el racismo existente en los Estados del Sur hacia los negros, de quienes se decía que consumían la droga. De unos y otros se contaban entonces historias de terror repletas de macabros asesinatos y agresiones sexuales, atribuidas siempre a su atraso racial y a las peligrosas características de las sustancias que usaban. En el caso del cannabis, como veremos más adelante, les tocó a los inmigrantes mexicanos, asiduos fumadores de marihuana, hacer el papel de modelo viviente que sirviera para mostrar cuan mala y a que nefastos resultados conducía su uso.

 

Al igual que el racismo, en la conversión del cannabis en una sustancia perseguida intervinieron, en efecto, todos los elementos que hicieron posible, unos años antes, las leyes contra el opio y la cocaína: puritanismo, corrientes reformistas morales que pretendían mejorar al hombre librandole de sus vicios, persecución del placer individual, etc. Sin embargo, hay en la prohibición del cáñamo ciertas características peculiares. A nivel internacional, fue decisiva la intervención de Inglaterra en 1925 en la Convención Internacional del Opio, cuando se negó a firmar el tratado si no se incluía en él el control internacional del cannabis. Los motivos de Inglaterra eran de orden político y relacionados con su papel como potencia colonial en Egipto. Los sectores egipcios partidarios de la independencia estaban intentando impedir la colonización cultural inglesa, representada, entre otras cosas, por la entrada de alcohol en el país, y haciendo del consumo de cánnabis, tradicional en Egipto, un símbolo de resistencia. Aunque al resto de países firmantes del tratado la marihuana no les suponía ningún problema en sus países, la presión de Inglaterra surtió efecto, al tiempo que servía a los intereses de otros países que eran también potencias coloniales en el norte de África, como Italia o Francia.

 

Curiosamente, EE.UU. no ratificó entonces ese acuerdo, pero se produciría un hecho, años después, que iba a suponer que fuertes sectores económicos, muy ligados a Washington, trabajaran activamente por la restricción del cultivo de cáñamo. La historia fue así. El cáñamo venía siendo utilizado tradicionalmente en la industria, como materia prima para la producción de papel, cuerdas y tela. Por lo que respecta a la industria textil, el cáñamo no constituía competencia al algodón, dado que su recolección era más lenta y costosa y, por otra parte, antes de poder ser usado era necesario tenerlo bastantes días en remojo, procedimiento que, por lo visto, además de lento resultaba extremadamente pestilente. Pero en 1917, George Schlichten inventó una máquina, la descorticadora, que iba a servir para recolectar de manera mucho más eficiente el cáñamo, evitando además los días en remojo y las molestias consiguientes. A raíz de este invento, la revista americana ‘Popular Mechanics’ publicó en 1938 un artículo titulado ‘El nuevo cultivo del billón de dólares’, donde afirmaba: “A los granjeros americanos se les presenta la oportunidad de un nuevo tipo de cultivo por un valor anual de varios centenares de millones de dólares, todo porque se ha inventado una máquina que resuelve un problema de más de 6.000 años de antigüedad. Se trata del cáñamo, un cultivo que no competirá con otros productos americanos. Por el contrarió, acabará con las importaciones de materias primas y productos manufacturados producidos por mano de obra barata, y proporcionará miles de puestos de trabajo para los americanos en todo el país”. Jack Herer, en su libro ‘The Emperor Wears No Clothes” , expone una interesante teoría que resumiré brevemente. La invención de la descorticadora suponía una fuerte amenaza para la industria del algodón (justamente la que empleaba la mano de obra barata a la que alude el artículo), que, fuertemente relacionada con los sectores políticos más influyentes, movió los hilos para, por una parte, fomentar la imagen diabólica del cáñamo en la opinión pública y, por otra, potenciar la presentación de leyes restrictivas respecto a su uso. Herer incluye al imperio DuPont entre quienes forzaron la maquinaria informativa y legislativa a que se ilegalizara el cáñamo, en este caso debido a sus intereses en los tejidos sintéticos, en particular el nylon.

 

Para satanizar el cañamo era conveniente asociar su consumo con una minoría racial molesta, en este caso los inmigrantes mejicanos que la usaban habitualmente para divertirse y relajarse. La entrada de mejicanos como mano de obra barata había sido inicialmente bien recibida, pero la gran depresión, posterior al crack del 29, los convirtió en una competencia temida por los trabajadores del país. Siguiendo los clichés de siempre, se asoció su consumo de cannabis a la realización de robos, violaciones y asesinatos, se les acusó de introducirla en los colegios para envenenar a la juventud americana y se la asoció a su supuesto atraso racial. La policía paso a ver en la marihuana un terrible impedimento a la hora de ejercer su función con los mejicanos. Un capitán de policía de Tejas, explicaba que bajo los efectos de la marihuana, los mejicanos se volvían “muy violentos, especialmente cuando se ponen furiosos y atacarían a un oficial de policía aun cuando este les esté apuntando con un revólver. Parecen no tener miedo, y yo he notado que bajo los efectos de esta hierba tienen una enorme fuerza y que se necesitarían varios hombres para tratar con alguien que, bajo otras circunstancias, solo habría necesitado un hombre”.

 

Harry J. Anslinger, jefe del Departamento de Control de Narcóticos y una de las figuras más oscuras de la guerra contra las drogas, fue el principal protagonista del montaje destinado a ilegalizar y perseguir la marihuana, así como uno de los mayores responsables de nuestra manera actual de tratar con las drogas y sus usuarios. Junto con la cadena de periódicos propiedad de William Randolph Hearst, quien tenía fuertes intereses en la industría papelera, amenazada por la simplificación de los procesos de conversión del cáñamo en papel, Anslinger convirtió en pánico lo que era resultado de un miedo a ciertos emigrantes, publicando una serie de artículos sensacionalistas al respecto. Del más conocido de ellos, “Marihuana, asesina de nuestra juventud”, extraigo los siguientes párrafos:

 

“Su uso en forma de cigarrillos, es relativamente nuevo en nuestro país, y tan peligroso como una serpiente de cascabel enroscada. Sólo puede conjeturarse cuántos asesinatos, robos, asaltos criminales, secuestros, atracos y ataques de locura maníaca causa cada año, especialmente entre los jóvenes. [...] El año pasado, un joven adicto a la marihuana fue colgado en Baltimore por el asesinato de una niña de diez años. En Chicago, dos chicos fumadores de marihuana mataron a un policía. En Florida, la policía encontró un joven tambaleándose en medio de una matanza. Con un hacha había matado a su padre, su madre, dos hermanos y una hermana. No recordaba haber cometido ese crimen múltiple. De ordinario un joven tranquilo y sano, se había vuelto loco por fumar marihuana. En al menos dos docenas de casos recientes de asesinato o degenerados ataques sexuales, se ha probado que la marihuana fue una causa que contribuyó. [...] Es la destrucción inútil de la juventud lo que nos rompe el corazón a cuantos trabajamos en el campo de la supresión de los narcóticos.”

 

No deja de ser curioso que esta planta, que según Anslinger convertía a los jóvenes en salvajes homicidas, fuera acusada en los años ’60, al ser usada por quienes protestaban contra la guerra del Vietnam, de inducir en los jóvenes un ‘pacifismo antipatriota’ y quitarles las ganas de matar por su país. Pero esta es otra historia de la que tal vez algún día hablaremos.

 

Más adelante, Anslinger declararía: “Si el auténtico monstruo de Frankenstein pudiera tener delante la planta de marihuana, huiría aterrorizado.” Lo que había sido una planta usada y respetada por la humanidad desde tiempo inmemorial, se había transformado en algo capaz de provocar terror a monstruos como Frankenstein o como Anslinger. En 1937, el congreso de EE.UU. aprobó la Marijuana Tax Act, con la que ésta quedaría, de facto, ilegalizada. Desde entonces, y gracias al seguidismo internacional respecto a la política estadounidense en materia de drogas, el principal efecto secundario del cannabis ha pasado a ser la cárcel.


algunos productos del hemp

 

Algunos hechos sobre el cannabis

  • No se conoce ningún caso en la historia médica de muerte atribuida al cannabis. Sólo en nuestro país (España) mueren cada año, 50.000 personas debido al tabaco(1) y 30.000 personas(2) debido al alcohol; drogas legales ambas.
  • El cannabis no provoca dependencia física no presentando sus usuarios, al interrumpir su uso, ningún tipo de síndrome abstinencial aun cuando se haya consumido habitualmente.
  • La marihuana se clasifica entre las sustancias con menor potencial de crear dependencia, por debajo incluso que la cafeína. El primer lugar lo ocupa la nicotina, que supera en ello a la heroína, la cocaína o el alcohol(3).
  • Los grandes informes encargados por los gobiernos de Inglaterra, EE.UU., Canadá, etc., han constatado sus mínimos riesgos, lo peligroso y contraproducente que resulta criminalizar a los usuarios y han recomendado despenalizar o legalizar su uso. Sistemáticamente, sus resultados han sido desestimados por los gobiernos que los encargaron.
  • La marihuana necesita para crecer una maceta con tierra, agua y luz. El autocultivo permite a los usuarios autoabastecerse sin tener que depender de las redes de tráfico de hachís que enriquecen a las mafias y a las redes de corrupción estatales. También posibilita disponer de un producto sin adulterar, de mayor calidad y con menores riesgos para la salud.
  • Pese a las campañas en contra de los grandes estados prohibicionistas, principalmente EE.UU. y Francia, el Ministerio de Salud holandés ha publicado en 1995, en un informe balance de su política de tolerancia, que “el total de hechos y circunstancias de consumo conocidos actualmente da lugar a la conclusión de que los riesgos del consumo de cannabis no se califican de por sí ya como inaceptables” y que “los coffeeshops (bares donde se vende cannabis) de confianza han demostrado que contribuyen a la protección de los consumidores de drogas blandas contra el mundo de las drogas duras [...]por consiguiente, la política de tolerancia penal será continuada“.
  • En Holanda, donde el cultivo, la tenencia, el consumo y el comercio en pequeña escala de cannabis es, de facto, legal desde hace veinte años, el número de sus consumidores es inferior al de países con políticas más duras. Citemos como ejemplo que los porcentajes de usuarios de marihuana entre la población son un 8,5% en EE.UU(4), un 6,9% en Francia(5), un 5,8% en España(6) y un 4,5 % en Holanda(7). Aunque siempre hay que recelar de este tipo de estadísticas (uno más de los males de la prohibición es que nos dificulta conocer la realidad), el hecho de que los porcentajes de uso sean inversamente proporcionales a la represión que se ejerce es significativo y nos hace pensar en la fuerza de atracción que tiene lo prohibido.
  • En Holanda, gracias a la política de separación de mercados entre drogas duras y blandas propiciada por la legalización de facto del cannabis, la proporción de consumidores de drogas duras respecto a la población es inferior a la media europea y uno de los más bajos de Europa. El número de drogodependientes en Holanda es del 1,4 por mil. En España, estamos en el 3 por mil. Estos datos, ignorados sistemáticamente por las autoridades antidroga, demuestran, más allá de cualquier especulación teórica, lo absurdo de la llamada ‘hipótesis de la escalada’, según la cual el consumo de cannabis lleva al consumo de drogas más duras y peligrosas.
  • La Organización Mundial de la Salud ha censurado las conclusiones de un informe realizado por sus expertos y publicado, sin dichas conclusiones, en diciembre de 1997. En el apartado censurado, los expertos concluían, una vez más, que tanto el alcohol como el tabaco constituyen un peligro para la salud muy superior al atribuible al cannabis.

Notas:

(1) Cfr. Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo

(2) Cfr. Federación de Alcohólicos Rehabilitados.

(3) Dr. Henningfield (National Institute of Drug Abuse), o Dr. Benowitz (Univarsidad de California)

(4) National Institute on Drug Abuse según datos del National Household Survey on Drug Abuse, 1994

(5) Cfr. International Narcotics Control Strategy Report, U.S. Department of State, 1997

(6) Encuesta Domiciliaria del Plan Nacional sobre Drogas, 1996

(7) Instituto Holandés para Alcohol y Drogas (NIAD), 1994


Los males de la prohibición.

Tiene que quedar claro, no sólo que la prohibición es injusta e inefectiva, sino que, además, tiene enormes costes y genera enormes problemas. La siguiente es una pequeña lista de ellos:

Adulteraciones. La legalización permitiría conocer exactamente qué se consume, de qué calidad es, y evitar los adulterantes que contiene el hachís procedente del mercado negro. Este es un ejemplo de como la prohibición atenta contra la salud pública que dice defender.

Narcotráfico. La legalización, única manera de acabar con él, quitaría dinero y poder de las manos de las mafias y del crimen organizado que ahora explotan el negocio de las drogas justamente porque es ilegal.

Corrupción de los estados. Los enormes intereses económicos generados por la situación de ilegalidad, corrompen con facilidad a los mismos aparatos estatales que deberían, teóricamente, luchar contra el narcotráfico. Así, con excesiva frecuencia, leemos de policías, guardias civiles, aduaneros, etc. que han sido acusados de aceptar sobornos o, incluso, de organizar sus propias redes de tráfico de hachís y otras drogas.

Atentados contra los derechos civiles. Registros y detenciones sin autorización; intromisión en los domicilios privados; conculcación de los derechos individuales.

“criminal” siendo arrestado por no cumplir la ley

El ejemplo holandés

Este punto es esencial para defender la legalización del cannabis. Podemos especular sin límite sobre los efectos sociales que tendría una supuesta legalización que permitiera comprar y consumir marihuana a cualquier adulto, pero en este caso la especulación es baladí, pues el ejemplo holandés nos muestra, tras veinte años de práctica, los efectos reales de dicha legalización.

En Holanda la venta de cannabis está legalizada ‘de facto’ desde hace veinte años. Pues bien: ni los índices de consumo se han disparado (siendo, de hecho, inferiores a los de países como Francia o EE.UU. donde las políticas son muy represivas al respecto), ni se ha producido ningún problema para la salud pública o la sociedad, como el propio gobierno holandés ha reconocido recientemente. Además, al separar los mercados de drogas blandas y drogas duras, han conseguido un descenso del numero de usuarios de estas últimas. España, por ejemplo, triplica el numero de heroinómanos de Holanda, y, en general, las cifras de consumo allí son inferiores a la media europea. Por otra parte, los usuarios pueden disponer de un producto de mayor calidad y sin adulterantes.

Ante estos datos objetivos, los prohibicionistas arguyen que el experimento holandés ha dado muchos problemas y ya están dando marcha atrás. Esto es totalmente falso y recomiendo acudir al artículo que publiqué en el numero 4 de la revista Cáñamo, “Experimento Holanda” , comentando el informe del gobierno holandés sobre drogas. En resumen, Holanda esta satisfecha de su política y la consolida. Sus problemas principales radican en las presiones políticas que recibe de, principalmente, EE.UU., Alemania y Francia debido al mal ejemplo que Holanda es para las posturas más prohibicionistas.

Muchas culturas han convivido y conviven con el uso habitual de cannabis sin mayores problemas.

En este sentido existen dos ejemplos interesantes:

El gobierno inglés elaboró un magno informe a finales del siglo pasado sobre el uso habitual de marihuana en la India. El resultado concluía, de manera inequívoco, que eso no provocaba ningún problema sanitario o social significante.

Diversos estudios antropológicos realizados en Jamaica, donde la inmensa mayoría de la población adulta fuma marihuana, muestran como este es utilizado para hacer más soportables y productivos los duros trabajos en el campo. Y allí se atribuye el síndrome amotivacional a quienes NO usan cannabis.

Algunas de las razones (o sinrazones) de los que están en contra de la legalización

El consumo de cannabis tiene asociados graves problemas de salud.

Los grandes informes sobre el cannabis, la experiencia de millones de consumidores y el ejemplo holandés, desmienten eso. Los riesgos son menores y en ningún caso justifican los métodos represivos actuales.

El cannabis propicia la escalada a drogas más fuertes.

La experiencia holandesa desmiente este hecho. Por otra parte, lo que sí favorece la escalada es la desinformación, el tratamiento de todas las drogas por igual y la ilegalización, que crea un mercado negro único para muchas de las drogas prohibidas.

Síndrome amotivacional

Ninguna base científica. Los estudios antropológicos lo desmienten y los ejemplos aducidos normalmente no demuestran ninguna relación de causa-efecto.

Con las drogas legales ya es suficiente.

La principal falacia de este argumento es que, como se ha visto, prohibir una droga no implica que desaparezca o que deje de usarse, sino que se generan problemas nuevos que antes no existían. Cuando se intentó prohibir el alcohol, durante la Ley Seca, también resultó peor el remedio que la enfermedad.

No hay que evadirse de la realidad y para divertirse no hacen falta drogas.

No es eso lo que se discute. En cualquier caso la decisión debe ser libre y personal, y sin que nada justifique que intervenga la policía.

El consumo aumentaría inevitablemente.

Falso. La experiencia holandesa lo desmiente. Además, la prohibición incrementa la atracción de los sectores más jóvenes.

El cannabis provoca dependencia.

No existe dependencia fisiológica por consumo de cannabis.

Por lo que respecta a la potencial dependencia psicológica, hay que poner en cuestión el concepto en sí. ¿A qué nos referimos? Cualquier actividad que nos guste o resulte placentera generará un vinculo psicológico: sea el sexo, el fútbol o los culebrones, lo cierto es que cuando algo agrada se tiende a repetirlo. Pero la experiencia demuestra, y todos los grandes estudios lo avalan, que la inmensa mayoría de usuarios usan de la marihuana de manera no compulsiva, y, en muchísimos casos de forma discontinua y esporádica.

Todos los estudios sitúan el potencial adictivo del cannabis muy por debajo del alcohol, el tabaco o incluso el café.

Tenemos que proteger a los niños y a los jóvenes.

No es una buena ayuda tergiversar los hechos con el fin de asustar, creando con ello una atracción artificial hacia lo prohibido. Tampoco es una buena ayuda dejar en manos del mercado negro los controles de adulteración y de pureza.

Asimismo, en una situación de prohibición, son los más jóvenes quienes tienen más fácil acceso a lo prohibido, según muestran todas las encuestas. Además, en los ambientes juveniles es donde más dificilmente puede infiltrarse la policía y, por tanto, es un sector de la población muy seguro para los vendedores del mercado negro.

Por Jordi Cebrián

Varios extractos de revista CAÑAMO

Comparación de la adictividad de diferentes drogas

Estas tablas corresponden a los estudios realizados, por separado, por el Dr. Jack E. Henningfield del National Institute of Drug Abuse norteamericano y por el Dr. Neal L. Benowitz, de la Universidad de California en San Francisco. Ellos clasificaron seis de las drogas más usadas en función de los siguientes parámetros:

Sindrome abstinencial: Severidad de los sintomas que se producen al detener la administración de la droga tras un uso prolongado de la misma.

Refuerzo: Tendencia a seguir usando la droga repetidamente, en función de los efectos psicológicos o físicos positivos que produce su uso.

Tolerancia: Necesidad de tomar dosis superiores en caso de querer obtener los mismos efectos tras un uso prolongado y continuo de la misma.

Dependencia: Dificultad relativa para abandonar el uso, o, dicho de otro modo, capacidad de la sustancia para generar hábito.

Intoxicación: Capacidad intoxicante de la sustancia en su uso habitual, entendiendo por intoxicación el nivel de los efectos psicoactivos conseguidos.

Clasificación del Dr. Henningfield (N.I.D.A.)

Sustancia

Abstinencia

Refuerzo

Tolerancia

Dependencia

Intoxicación

Nicotina

3

4

2

1

5

Heroina

2

2

1

2

2

Cocaina

4

1

4

3

3

Alcohol

1

3

3

4

1

Cafeína

5

6

5

5

6

Marihuana

6

5

6

6

4

Clasificación del Dr. Benowitz (Universidad de California)

Sustancia

Abstinencia

Refuerzo

Tolerancia

Dependencia

Intoxicación

Nicotina

3

4

4

1

6

Heroina

2

2

2

2

2

Cocaina

3

1

1

3

3

Alcohol

1

3

4

4

1

Cafeína

4

5

3

5

5

Marihuana

5

6

5

6

4


Les dejo un link del N.I.D.A. que habla a los padres, para que protegan a sus hijos.
http://www.drugabuse.gov/MarijBroch/Spanish/Marijparetxt-sp.html
La historia completa de la marihuana: http://www.cannabismedicinal.com.ar/historiadelamarihuana/01.php

One Response to “Esa Pobre Plantita”

  1. darkmard Says:

    si que te lo has currao con esto… informarse de esta manera, objetiva, es lo mejor q se puede hacer respecto al cannabis, pobre plantita discriminada asi despues de todo lo q ha dado…

    ENhorabuena por el articulo

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